¿Recuerdan la absurdísima estupidez del dúo humorístico Cruz y Raya de "si hay que ir se va, pero ir pa ná es tontería"? Pues eso mismo es lo que representa este libro, una soberana pérdida de tiempo de los aventureros que en ella pululan, ya que su lectura deja el regusto amargo de lo inútil que es la empresa en la que se embarcan sus protagonistas. En la vida cuando se hace algo es con el objetivo de que sirva para algo, pero una vez de haber sufrido el tostonazo de las más de 500 páginas de esta continuación de la primera parte de un best seller sobre el mismo Catón (aún no tengo clara la función de este personaje, debería ser un líder supremo de una hermandad oculta pero una discípula irreverente se le sube demasiado a las barbas para catalogarlo tal cual) que por alivio no tengo el gusto de haberlo sufrido, queda una sensación de vacío, una NADA que lo inunda todo.
El marketing, no obstante, hizo bien su trabajo y vendió el libro con la premisa de que unos arqueólogos seguirían la pista al gran Marco Polo por media Asia y una hermandad descubriría ciertos secretos religiosos. Quizás mi acérrimo ateísmo comprobado y declarado tenga algo que ver, pero soportar hojas y hojas y más hojas de disquisiciones teológicas sobre el cristianismo, en un batiburrillo con el judaísmo y el islam por ahí en medio, que si en los siglos I o XIII aquel o éste personaje hizo cosas irrelevantes desespera muy mucho y al final para NADA; que sí, que la novela está bien escrita y estará muy documentada pero en un 95% del tiempo aburre en demasía. Y para colmo, hay que soportar a la alter ego de la escritora, una arqueóloga insoportable, irascible y prepotente, a la que el lector acaba por cogerle manía, que es lo peor que le puede ocurrir a un personaje. No creamos que este grupito de arqueólogos lo son el plan Indiana Jones no, lo de ellos es más en plan "somos perfectos, los putos amos del mundo, no hay nadie mejor que nosotros y siendo meticulosos y dándole mil (desesperantes) vueltas a todo, logramos lo que sea": lo dicho, arqueólogos que van de listillos y solo consiguen el aborrecimiento del lector.
Porque no te lo niego Matilde Asensi, yo te había dado un voto de confianza con este libro pero me has defraudado; hace años recuerdo que leí "El salón ámbar" (en la biografía de este libro me percato que fue tu primera novela, bien) y me gustó, por mucho que también leí alguna crítica que te despedazaba, pero no hago mucho caso a las críticas (por lo que tampoco pretendo que la mía llegue a ningún lado) y prefiero arriesgarme y juzgar a mi gusto. Y este libro me resultó cargante, pero no te preocupes, debo tener el olfato o gusto literario desatinado, porque me pasa con bastantes lecturas últimamente, y lo que hoy me parece pésimo, en tres semanas solamente me parecerá farragoso. Pero es que nada me quita esta sensación de la NADA de la cabeza, me da que planteas el juego de riquísimos millonarios jugando a ser arqueólogos aventureros para saciar su aburrimiento, porque no le veo sentido a la empresa, ya que la aventura que en este libro describes tiene el mismo valor que si estoy tumbado en el sofá y voy a la nevera a por una cerveza y no hay ninguna, ese viaje no me sirvió para NADA, igual que el libro, en los que mareas a los protagonistas para NADA y al lector para...a ese que más da lo que le pase.

