sábado, 9 de julio de 2016

Espiando con suficiencia

 
 
 
El poder de fascinación que tiene el mundo de los espías es ciertamente curioso: te imaginas a esos agentes que todo lo pueden, no en plan exagerado como el fantasioso James Bond o el correoso Jason Bourne, sino a los espías que en su submundo de mentiras, trampas y medias verdades, tienen que saber en quienes confiar y a quienes traicionar en la misma medida. Salvando las distancias, es casi como en el amor: ¿me estará diciendo toda la verdad?, ¿qué segundas intenciones habrá en esto que hace? o ¿cómo saldré de este atolladero? son algunas de las máximas de aquellos que pululan por los servicios de inteligencia que Occidente nos vende. No se trata de ganar a un rival en una competición deportiva, sino que este mundo es la selva en sí, es al peligroso enemigo a quienes tienes que batir y, a poder ser, eliminar de la circulación.
 
No obstante, el autor nos pinta a unos agentes secretos y unos jefes de estos espías que actúan muy por encima de la ley y, como en la política española, en la que apenas deben rendir cuentas por sus fallos, sobre todo. Tal como su nombre indica, a estos Servicios de Inteligencia se les debe presuponer mucha información privilegiada con la que tomar decisiones acertadas, pero en este libro en muchas casos queda la sensación de que mucho se queda a la arbitrariedad del azar y que el demérito de los pérfidos se barniza con el mérito único de los ganadores finales. Porque no hablaré de buenos y malos, dado que en este libro se recrea hoy en día la antigua lucha de la Guerra Fría entre occidentales, personificados en los flemosos ingleses, y los rusos, y ¡dile tu a los rusos que ellos son los malos de la película, con lo que han sido y son en estos tiempos con Putin al frente!
 
Las más de 400 páginas de 'El espía inglés' se declaran pura ficción pero no cabe duda de que maman de muchas ámbitos que parecen reales: un ex antiguo terrorista del IRA contratado por los rusos para asesinar a una especie de Lady Di y atentar después con un coche bomba en el centro de Londres para de este modo provocar que un escurridizo espía israelí se ponga en el radar del juego de los espías junto a un anterior miembro de los SAS reconvertido en asesino profesional y así poder vengarse de una historia pasada. ¿A que os habéis perdido no? Pues a leer la novela, que merece muy mucho la pena.


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