Cuando existen premisas tan potentes como dinero, amor y poder por en medio, las casualidades (entiéndase dicho concepto como aquello que el destino o el azar involuntariamente, sin querer, hagan confluir variantes muy improbables en una determinada dirección) empiezan a oler a chamusquina o cuando menos hay que ponerlos en cierta cuarentena de credibilidad. ¿Qué probabilidad existe en que un detective que deba investigar un caso de asesinato en Nueva York se cruce, sin esperarlo ni buscarlo, con el asesino en un enclave turístico de la Turquía mediterránea cuando por una vuelta de tuerca de su pasado la CIA le envíe allí en busca de un terrorista? Gran historia la de 'Soy Pilgrim', fenomenalmente narrada, pero peregrinamente encadenadas las dos grandes historias de la novela.
Porque siendo honestos, toda la fascinación que genera la búsqueda implacable de un terrorista islámico por parte de un ex agente de la CIA (con todos los subterfugios y triquiñuelas del poder occidental a la vista), se pierde en la mezcla de divagaciones y suposiciones de una investigación policial sobre dos asesinatos que en realidad son muy de cuarta o quinta línea en cuanto a la gran historia en sí que se cuenta en las, eso si, 860 páginas del libro. Subyace también en el trasfondo la prepotencia del protagonista, enmascarado con una falsa humildad (a lo "meo colonia" de Pep Guardiola) y que ya hace recelar al lector del eterno planteamiento de que los malos malísimos son los musulmanes que no comparten su misma religión y que el bueno buenísimo es un país como Estados Unidos que por mantener su estatus y privilegios sería capaz de todo.
Lo bueno es que la trama engancha, que los giros y sorpresas son continuos, y que la lectura no se hace pesada; lo malo es que todo lo bueno anterior se va al garete por lo irresoluble de algunas situaciones, porque hasta el desenlace final nunca se le tuerce nada al terrorista, casi todo le va rodado al espía y lo racional que parece todo el nudo central salta por los aires en un final fantástico (no de espectacularidad ni de ciencia ficción, sino en plan 'no te lo crees ni tu' de lo simple que fue al final), muy poco creíble la verdad sea dicha. No se trata de que todos los espías tengan que ser tan "salvamundos" como James Bond ni del tipo "yo solo puedo contra todo el mundo" como Jason Bourne, pero plantear la tesitura de que un único agente de campo valga más que mil analistas administrativos y sus ilimitados recursos, tecnológicos sobre todo, acaba por no hacer muy poderoso todo lo que se cuenta. No obstante, libro que recomiendo leer.

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