lunes, 24 de octubre de 2016

La traición no siempre se paga...cara

 


Mis últimas lecturas y entradas de este blog tuvieron como trasfondo el mundo de los espías y aquí va otra muestra más. En esta ocasión me crucé con un compendio de los 25 espías,en su vertiente de agentes dobles, más relevantes de los dos últimos siglos y aunque el libro no deja de ser ameno y didáctico, también es cierto que no deja de ser un resumen de otros tantos libros, que desglosan las desventuras, sobre todo, de estos personajes que el autor eso sí, tiene el acierto de a partir de una especie de copia y pega, darles vida en unas 15 páginas por caso. No es un detalle exhaustivo de cada caso pero tampoco se queda en la superficie, vamos que no es como un trabajo que hice una vez en la Universidad de fusilar lo más destacado de una treintena de libros del mismo tema. Entonces, ¿por qué me recuerda a ese caso? Porque eres malpensado, por eso.
 
En esta ocasión, la vertiente que toca este libro, y siempre con el universo espía de por medio, es el de los llamados agentes dobles, es decir, aquellos que inicialmente trabajan para un bando pero que o bien se venden al bando rival para pasar a estos segundos información crítica de los primeros o bien son "doblados" o extorsionados por los segundos para que trabajen para ellos y engañar a los primeros haciéndose pasar por agente leal, porque uno de los males del espionaje es casi no querer reconocer que se puede cambiar de bando cuando crees que tu bando es el honesto. En todo caso, la mentira y la desconfianza serán también parte del menú diario de estos espías y para el final solo queda discernir a qué bando guardaron fidelidad.
 
O no, porque al final todo espía y agente doble se acaba quemando y siendo descubierto. La mayoría por ser delatados por otros "compañeros del mismo submundo" y para salvar el pescuezo. Famosos son espías como Kim Philby, Garbo, Eddie Chapman o Mata Hari, pero la lista guarda perlas curiosas, historias de agentes dobles que eligieron la desfachatez u honradez (hay polos opuestos y de todo, como en botica) como estilo de vida pero que siempre pulularon por el alambre de si serían descubiertos. Lógicamente, al ser una obra occidental, pintar a los rusos como los más crueles es el pan de casi cada página pero lo que más llama la atención es lo políticamente correcto con que se cierran todas y cada de una las 25 historias. Libro recomendable para situarse en el ambiente pero no para creer del todo en lo que se cuenta en el mismo.


sábado, 15 de octubre de 2016

Espías practicando la psicología inversa




Aunque en la portada se vean piezas de ajedrez, dicho juego solo tiene un protagonismo simbólico en esta obra. En el mundo de los espías, la época de la Guerra Fría entre rusos y estadounidenses estuvo marcado por muchos episodios donde contendientes de ambos bandos mentían y trazaban planes para engañar al adversario, o por lo menos no dejarse engatusar ellos mismos por armas que conocían de sobra. Y cuando querían lograr un objetivo pero se jugaba con las cartas marcadas (cuando ya sabías como iba a reaccionar el oponente según tus actos o lo que contases), muchas veces se tiraba en una dirección a posta para lograr justo lo contrario. En la novela se ve mucho este concepto de psicología inversa (yo mismo lo uso a menudo con mi novia): si quiero que los americanos piensen una cosa, haré tal cosa porque es lo más lógico y lo que se espera en más del 95% de los casos, pero en realidad busco justo lo opuesto.
 
Ejemplo gráfico, varias líneas más abajo, antes el argumento: en la década de los 70 del siglo pasado, cuando rusos y americanos se encontraban en lo más álgido de su disputa y desarrollando todo su potencial armamentístico nuclear, un científico americano decide desertar a Rusia, vía Japón aprovechando que se encontraba en Tokio por motivo de una conferencia. A los americanos se les escapaba de sus manos este científico y los rusos, tras los recelos previos de si les estuvieran colando un topo o no, deciden acogerlo y hacer uso de la información que trae, que les daría ventaja a la hora de crear un escudo antimisiles. Los americanos necesitan hacer creer a los rusos que el desertor, que es real y muy peligroso para sus intereses, es en realidad un topo, para que pesquen ese anzuelo y así, aplicando la teoría de la psicología inversa que consiste en el 'no te creo nada pero nada nada' de toda la vida, no hagan uso de lo que pueda contarles el desertor.
 
Pero claro, para los rusos, este desertor y la información que trae, es muy goloso y arriesgándose a aceptar al desertor como no topo, deben hacer creer a los americanos que su postura es la de posicionarse oficialmente en contra de aceptar al científico americano para que no enreden más y por detrás si usar la información que les brinda dicho desertor, pero que los americanos piensen que no. ¿Cómo lo consiguen? Con la treta de que los rusos usarán al desertor solo para fines propagandísticos "internos", es decir, presentarlo ante la población rusa de como un científico americano detesta el capitalismo occidental y prefiere el socialismo ruso, con lo que le confieren un doble valor, además de la información valiosa para la carrera nuclear, lo usan para reforzar su sistema social, más cara a la galería que otra cosa.


domingo, 9 de octubre de 2016

De cuando los malos también ganan




Si el titular captó tu atención porque puedas esperarte una lectura donde, en contra de lo habitual, ganen los malos, ¡¡¡picaste!!! Lo usual en el 99% de las veces es que al final en la ficción siempre ganen los buenos, por aquello de dar consuelo a la humanidad en esta sociedad donde en la realidad no todo suele ser tan idílico, y este libro no es más que otro ejemplo más de ello. Los malos parecen muy malignos y dos insignificantes personas corrientes deben hacerles frente, apenas sin opciones de lograr sus objetivos, aunque al final lo consiguen, claro está. No voy a abogar por la eterna atracción del lado oscuro, pero tanta bondad por todos lados acaba saturando.
 
Por otro lado, la cotidianidad envuelve toda esta lectura. Me refiero a que el protagonista, un veterano ex policía de la República previa a la Guerra Civil, que supera los sesenta años en los primeros compases de la Dictadura Franquista, debe ayudar a un ladrón de poca monta a salir de un lío que envuelve a un nazi pretendiendo huir a Brasil, a un Monuments Man que le persigue y a los típicos mandamases del Régimen ávidos de que todo se haga según su moralidad, y lo hace paso a paso, intuición a intuición: que si visita a aquel antiguo contacto, quien le conduce a otra pista, todas muy simples, preguntando en bares y sitios corrientes, todo como en una cadena.
 
Esta vez el protagonista ni me fascina ni me retrae, y lo segundo ya es todo un triunfo. La lectura es ágil y cada capítulo, amablemente en su longitud exacta, atrapa lo justo como para poder querer emprender el siguiente, y eso en un libro si que es un golazo por toda la escuadra. Sin embargo, resulta complicado empatizar con todos los aspectos y mini historias del libro, no por poco creíbles, sino por su incompleta resolución. Tampoco ayudan las veladas referencias a capítulos pasados del protagonista del libro, que desubican al lector, pero afortunadamente todo se palía con el devenir de las circunstancias, que se resumen en nazis y franquistas derrotados por un pobre diablo republicano y una misteriosa pelirroja inglesa.