Rentable. Eso es lo que les sale la venganza en muchas ocasiones en el mundo de la literatura a sus ejecutores. Existen varios tipos de venganzas, pero las que tienen que ver con el dinero y el poder, se llevan la palma. Y si además por en medio aparecen familias mafiosas que trafican con todo lo oscuramente ilegal, pues el mal ya se sirve solo. Lo determinante llega cuando nadie ve venir la venganza en su contra, amparado en una supuesta superioridad moral, que al final se ve truncada por lo tacaño de uno de los bandos, ¡¡¡Ay, poderoso caballero don dinero!!!
Como viene pasándome últimamente, bluff de libro. Temática sugerente, correcto desarrollo a ratos pero aburrido discurrir a otros ratos y parafraseando el título, frío poso que deja su lectura final. Sin indagar mucho si el protagonista viene de historias anteriores o si es parte de una saga, de golpe y porrazo al inicio nos encontraremos a un ex presidiario recién salido de la cárcel, que si antaño era un detective, ahora se zambulle a investigar un asesinato que ni entiendo su por qué, y a esquivar a varios asesinos a sueldos que lo persiguen. Mientras, tiene sexo voraz con la hija del mafioso y va dejando desperdigados cadáveres a su paso con una facilidad palmaria.
¿Será que en los alrededores de las Catarátas del Niágara la ley es laxa y es fácil delinquir? Eso se deja entrever en el libro, que pinta al protagonista como a un pobre desarrapado pero con la fortuna de los malotes de su lado, que narra a los mandamases de las mafias como legitimadores de sus fechorías pero que la resolución de varios episodios dejan ganas de más. Definitivamente, no recomiendo su lectura, ni para pasar el rato, ni para saciar las ganas de thriller negro que se pudieran tener ni para prácticamente nada; en mi caso, solamente para persistir con mi obsesivo tic de finalizar toda lectura que empiezo, que no me gusta dejar nada a medias (lo de no dejar a nadie a medias, ya es otra historia).


