Una guerra siempre es un escenario perfecto para contar historias de aventuras y valentías, pero también de amor si, debido al hecho de que, en un entorno tan convulso en el que dos personas puede que no vuelvan a verse nunca más, se magnifican los sentimientos, y no tan cutremente como en 'Gran Hermano' no. Si la muerte acecha cada día a los amantes, suele ocurrir que el amor que sienten se plasme con más fuerza y florezca más deprisa que en un entorno de paz. ¿Son entonces más verdaderos o más forzados? Y yo que se, que no he vivido ninguna guerra y me guio solo por lo leído en muchos libros y en esta lectura en concreto me causó onda sensación el hecho del "amor en segundos platos", que lo desgranaré al final.
Antes la sinopsis y lo bueno más lo malo del libro: los nazis fueron el siglo pasado los malos perfectos, tenían un poder militar descomunal pero ideológicamente estaban muy...¿Cómo decirlo? Hoy en día en el mundo del espectáculo se diría que sobreactuados. A la España del primer año post Guerra Civil, en 1940, llega una recia rubia alemana, prototipo nazi, perteneciente a una sección de las temibles SS, encargada de preservar la pureza de raza aria que se encapricha por un alto, guapo y rubio obrero español que cree descendiente de antiguos alemanes y que lo lleva a Berlín para, entre otras cosas, usarlo como semental de jovencitas alemanas y repoblar de futuros guerreros el Reich germano. Atractivo punto de partida porque se desgrana la vida del Berlín de los primeros años de la II Guerra Mundial, aunque en el debe del libro queda que muchas veces se pierde en largas descripciones absurdas y los hechos importantes se resuelven con celeridad.
El amor en este libro se da casi a tres bandas. El protagonista en un inicio quiere acostarse con la rubia alemana nazi, pero al verse rechazado más patéticamente que la famosa cobra de Bisbal a Chenoa, encuentra refugio en otra alemana, pero esta morena y judía, a la que muestra toda su devoción hasta que las circunstancias de la guerra le acercan a la primera en cuestión. De ahí lo gracioso, el efecto 'amor de segundo plato', que siempre fue, es y será en la historia de la Humanidad aquello de 'oye, tú estate por aquí cerca, por si me sale mal mi primer amor y ahora que lo se, vuelvo contigo'. Lo explico fatal, pero así suele darse. Lo curioso es cuando eres primer plato y ni te enteras de que tienes un sustituto en espera pero el colmo de lo gracioso es cuando eres segundo plato y te alegras de serlo o por lo menos, no te disgusta.

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