domingo, 27 de noviembre de 2016

Inaudita venganza




Rentable. Eso es lo que les sale la venganza en muchas ocasiones en el mundo de la literatura a sus ejecutores. Existen varios tipos de venganzas, pero las que tienen que ver con el dinero y el poder, se llevan la palma. Y si además por en medio aparecen familias mafiosas que trafican con todo lo oscuramente ilegal, pues el mal ya se sirve solo. Lo determinante llega cuando nadie ve venir la venganza en su contra, amparado en una supuesta superioridad moral, que al final se ve truncada por lo tacaño de uno de los bandos, ¡¡¡Ay, poderoso caballero don dinero!!!
 
Como viene pasándome últimamente, bluff de libro. Temática sugerente, correcto desarrollo a ratos pero aburrido discurrir a otros ratos y parafraseando el título, frío poso que deja su lectura final. Sin indagar mucho si el protagonista viene de historias anteriores o si es parte de una saga, de golpe y porrazo al inicio nos encontraremos a un ex presidiario recién salido de la cárcel, que si antaño era un detective, ahora se zambulle a investigar un asesinato que ni entiendo su por qué, y a esquivar a varios asesinos a sueldos que lo persiguen. Mientras, tiene sexo voraz con la hija del mafioso y va dejando desperdigados cadáveres a su paso con una facilidad palmaria.
 
¿Será que en los alrededores de las Catarátas del Niágara la ley es laxa y es fácil delinquir? Eso se deja entrever en el libro, que pinta al protagonista como a un pobre desarrapado pero con la fortuna de los malotes de su lado, que narra a los mandamases de las mafias como legitimadores de sus fechorías pero que la resolución de varios episodios dejan ganas de más. Definitivamente, no recomiendo su lectura, ni para pasar el rato, ni para saciar las ganas de thriller negro que se pudieran tener ni para prácticamente nada; en mi caso, solamente para persistir con mi obsesivo tic de finalizar toda lectura que empiezo, que no me gusta dejar nada a medias (lo de no dejar a nadie a medias, ya es otra historia).


domingo, 13 de noviembre de 2016

El amor de los segundo platos



Una guerra siempre es un escenario perfecto para contar historias de aventuras y valentías, pero también de amor si, debido al hecho de que, en un entorno tan convulso en el que dos personas puede que no vuelvan a verse nunca más, se magnifican los sentimientos, y no tan cutremente como en 'Gran Hermano' no. Si la muerte acecha cada día a los amantes, suele ocurrir que el amor que sienten se plasme con más fuerza y florezca más deprisa que en un entorno de paz. ¿Son entonces más verdaderos o más forzados? Y yo que se, que no he vivido ninguna guerra y me guio solo por lo leído en muchos libros y en esta lectura en concreto me causó onda sensación el hecho del "amor en segundos platos", que lo desgranaré al final.
 
Antes la sinopsis y lo bueno más lo malo del libro: los nazis fueron el siglo pasado los malos perfectos, tenían un poder militar descomunal pero ideológicamente estaban muy...¿Cómo decirlo? Hoy en día en el mundo del espectáculo se diría que sobreactuados. A la España del primer año post Guerra Civil, en 1940, llega una recia rubia alemana, prototipo nazi, perteneciente a una sección de las  temibles SS, encargada de preservar la pureza de raza aria que se encapricha por un alto, guapo y rubio obrero español que cree descendiente de antiguos alemanes y que lo lleva a Berlín para, entre otras cosas, usarlo como semental de jovencitas alemanas y repoblar de futuros guerreros el Reich germano. Atractivo punto de partida porque se desgrana la vida del Berlín de los primeros años de la II Guerra Mundial, aunque en el debe del libro queda que muchas veces se pierde en largas descripciones absurdas y los hechos importantes se resuelven con celeridad.
 
El amor en este libro se da casi a tres bandas. El protagonista en un inicio quiere acostarse con la rubia alemana nazi, pero al verse rechazado más patéticamente que la famosa cobra de Bisbal a Chenoa, encuentra refugio en otra alemana, pero esta morena y judía, a la que muestra toda su devoción hasta que las circunstancias de la guerra le acercan a la primera en cuestión. De ahí lo gracioso, el efecto 'amor de segundo plato', que siempre fue, es y será en la historia de la Humanidad aquello de 'oye, tú estate por aquí cerca, por si me sale mal mi primer amor y ahora que lo se, vuelvo contigo'. Lo explico fatal, pero así suele darse. Lo curioso es cuando eres primer plato y ni te enteras de que tienes un sustituto en espera pero el colmo de lo gracioso es cuando eres segundo plato y te alegras de serlo o por lo menos, no te disgusta.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Americanos del siglo pasado



La visión de un novel periodista de provincias español del Nueva York y la joven Estados Unidos de la América de 1916 es el reclamo de este libro que en su centenario deja retazos muy similares a lo que hoy en día puedan ser para nosotros aquellos lares. Comento lo de joven en cuanto a la gran potencia mundial actual porque a inicios del siglo XX los americanos estaban abriéndose al mundo y tras aglutinar un montón de territorio interno y crearse un monstruoso país, empezaban a mirar al resto del planeta y paso a paso inocularnos sus ansiar imperialistas.
 
La brevedad de los capítulos no ayuda a que sea una novela con ritmo ni gracia, y lo deja todo en un casi ensayo abstracto, con más trazas de artículos sueltos periodísticos, que en su día se editaron en el ABC de la época, que un compendio sobre la denominada ciudad más atrayente del orbe. Son relatos costumbristas, que hablan y detallan las costumbres americanas de aquel entonces y donde subyace un trasfondo de lo maravilloso de aquella sociedad: hábitos como el de mascar goma, el trato recibido en las barberías o la campaña electoral entre los candidatos a la presidencia del país, sacan a cuenta gotas una sonrisa en el lector, pero sin llegar a lanzar cohetes por la lectura misma.
 
No voy a decir que sea para nada un libro recomendable porque su atractivo (descubrir lo que se decía de los 'yankees' hace un siglo) se pierde a las primeras de cambio y no hay giros que aumenten la fascinación por el tema, pero como entretenimiento cumple su papel. Después, si quieres echar a volar tu imaginación y buscar similitudes entre los demócratas y republicanos de entonces con Hillary Clinton y el inefable Donald Trump, estás en tu derecho pero el tortazo que te vas a llevar es únicamente responsabilidad tuya.

lunes, 24 de octubre de 2016

La traición no siempre se paga...cara

 


Mis últimas lecturas y entradas de este blog tuvieron como trasfondo el mundo de los espías y aquí va otra muestra más. En esta ocasión me crucé con un compendio de los 25 espías,en su vertiente de agentes dobles, más relevantes de los dos últimos siglos y aunque el libro no deja de ser ameno y didáctico, también es cierto que no deja de ser un resumen de otros tantos libros, que desglosan las desventuras, sobre todo, de estos personajes que el autor eso sí, tiene el acierto de a partir de una especie de copia y pega, darles vida en unas 15 páginas por caso. No es un detalle exhaustivo de cada caso pero tampoco se queda en la superficie, vamos que no es como un trabajo que hice una vez en la Universidad de fusilar lo más destacado de una treintena de libros del mismo tema. Entonces, ¿por qué me recuerda a ese caso? Porque eres malpensado, por eso.
 
En esta ocasión, la vertiente que toca este libro, y siempre con el universo espía de por medio, es el de los llamados agentes dobles, es decir, aquellos que inicialmente trabajan para un bando pero que o bien se venden al bando rival para pasar a estos segundos información crítica de los primeros o bien son "doblados" o extorsionados por los segundos para que trabajen para ellos y engañar a los primeros haciéndose pasar por agente leal, porque uno de los males del espionaje es casi no querer reconocer que se puede cambiar de bando cuando crees que tu bando es el honesto. En todo caso, la mentira y la desconfianza serán también parte del menú diario de estos espías y para el final solo queda discernir a qué bando guardaron fidelidad.
 
O no, porque al final todo espía y agente doble se acaba quemando y siendo descubierto. La mayoría por ser delatados por otros "compañeros del mismo submundo" y para salvar el pescuezo. Famosos son espías como Kim Philby, Garbo, Eddie Chapman o Mata Hari, pero la lista guarda perlas curiosas, historias de agentes dobles que eligieron la desfachatez u honradez (hay polos opuestos y de todo, como en botica) como estilo de vida pero que siempre pulularon por el alambre de si serían descubiertos. Lógicamente, al ser una obra occidental, pintar a los rusos como los más crueles es el pan de casi cada página pero lo que más llama la atención es lo políticamente correcto con que se cierran todas y cada de una las 25 historias. Libro recomendable para situarse en el ambiente pero no para creer del todo en lo que se cuenta en el mismo.


sábado, 15 de octubre de 2016

Espías practicando la psicología inversa




Aunque en la portada se vean piezas de ajedrez, dicho juego solo tiene un protagonismo simbólico en esta obra. En el mundo de los espías, la época de la Guerra Fría entre rusos y estadounidenses estuvo marcado por muchos episodios donde contendientes de ambos bandos mentían y trazaban planes para engañar al adversario, o por lo menos no dejarse engatusar ellos mismos por armas que conocían de sobra. Y cuando querían lograr un objetivo pero se jugaba con las cartas marcadas (cuando ya sabías como iba a reaccionar el oponente según tus actos o lo que contases), muchas veces se tiraba en una dirección a posta para lograr justo lo contrario. En la novela se ve mucho este concepto de psicología inversa (yo mismo lo uso a menudo con mi novia): si quiero que los americanos piensen una cosa, haré tal cosa porque es lo más lógico y lo que se espera en más del 95% de los casos, pero en realidad busco justo lo opuesto.
 
Ejemplo gráfico, varias líneas más abajo, antes el argumento: en la década de los 70 del siglo pasado, cuando rusos y americanos se encontraban en lo más álgido de su disputa y desarrollando todo su potencial armamentístico nuclear, un científico americano decide desertar a Rusia, vía Japón aprovechando que se encontraba en Tokio por motivo de una conferencia. A los americanos se les escapaba de sus manos este científico y los rusos, tras los recelos previos de si les estuvieran colando un topo o no, deciden acogerlo y hacer uso de la información que trae, que les daría ventaja a la hora de crear un escudo antimisiles. Los americanos necesitan hacer creer a los rusos que el desertor, que es real y muy peligroso para sus intereses, es en realidad un topo, para que pesquen ese anzuelo y así, aplicando la teoría de la psicología inversa que consiste en el 'no te creo nada pero nada nada' de toda la vida, no hagan uso de lo que pueda contarles el desertor.
 
Pero claro, para los rusos, este desertor y la información que trae, es muy goloso y arriesgándose a aceptar al desertor como no topo, deben hacer creer a los americanos que su postura es la de posicionarse oficialmente en contra de aceptar al científico americano para que no enreden más y por detrás si usar la información que les brinda dicho desertor, pero que los americanos piensen que no. ¿Cómo lo consiguen? Con la treta de que los rusos usarán al desertor solo para fines propagandísticos "internos", es decir, presentarlo ante la población rusa de como un científico americano detesta el capitalismo occidental y prefiere el socialismo ruso, con lo que le confieren un doble valor, además de la información valiosa para la carrera nuclear, lo usan para reforzar su sistema social, más cara a la galería que otra cosa.


domingo, 9 de octubre de 2016

De cuando los malos también ganan




Si el titular captó tu atención porque puedas esperarte una lectura donde, en contra de lo habitual, ganen los malos, ¡¡¡picaste!!! Lo usual en el 99% de las veces es que al final en la ficción siempre ganen los buenos, por aquello de dar consuelo a la humanidad en esta sociedad donde en la realidad no todo suele ser tan idílico, y este libro no es más que otro ejemplo más de ello. Los malos parecen muy malignos y dos insignificantes personas corrientes deben hacerles frente, apenas sin opciones de lograr sus objetivos, aunque al final lo consiguen, claro está. No voy a abogar por la eterna atracción del lado oscuro, pero tanta bondad por todos lados acaba saturando.
 
Por otro lado, la cotidianidad envuelve toda esta lectura. Me refiero a que el protagonista, un veterano ex policía de la República previa a la Guerra Civil, que supera los sesenta años en los primeros compases de la Dictadura Franquista, debe ayudar a un ladrón de poca monta a salir de un lío que envuelve a un nazi pretendiendo huir a Brasil, a un Monuments Man que le persigue y a los típicos mandamases del Régimen ávidos de que todo se haga según su moralidad, y lo hace paso a paso, intuición a intuición: que si visita a aquel antiguo contacto, quien le conduce a otra pista, todas muy simples, preguntando en bares y sitios corrientes, todo como en una cadena.
 
Esta vez el protagonista ni me fascina ni me retrae, y lo segundo ya es todo un triunfo. La lectura es ágil y cada capítulo, amablemente en su longitud exacta, atrapa lo justo como para poder querer emprender el siguiente, y eso en un libro si que es un golazo por toda la escuadra. Sin embargo, resulta complicado empatizar con todos los aspectos y mini historias del libro, no por poco creíbles, sino por su incompleta resolución. Tampoco ayudan las veladas referencias a capítulos pasados del protagonista del libro, que desubican al lector, pero afortunadamente todo se palía con el devenir de las circunstancias, que se resumen en nazis y franquistas derrotados por un pobre diablo republicano y una misteriosa pelirroja inglesa. 


sábado, 24 de septiembre de 2016

Jeta entre los jetas


 
La prepotencia del ser humano puede llegar a ser bastante irritante a menudo. Cruzarte en la vida con esa clase de gente que no conocen la humildad, que todo lo creen hacer perfecto, que se adoran así mismos y que no practican lo que viene a ser la autocrítica esporádica, puede ser extenuante. Tal vez lo que buscaba el autor al crear al protagonista de este libro fue caracterizarlo con una personalidad arrolladora, pero como todo en la vida, el exceso de creerse superior juega en contra del personaje, quien acaba resultando odioso. Reza el refranero que "más vale pecar por exceso que quedarse corto" (¿dice eso un refrán o me lo inventé?) pero personalmente a mí, este detectivucho me cargó hasta límite insospechados.
 
El libro es uno de los precursores de la novela negra de detectives que cuando se escribió, en 1930,  era de los primeros que tocaba el tema y después ha derivado en un clásico, pero que honestamente, no ha soportado el paso del tiempo y ya se le ve bizarro. De una lectura de unas 190 páginas, hasta la página 70 no se descubre el meollo del asunto y el por qué de tantas vueltas a un asunto, en principio, absurdo. Un supuesto regalo de los Cuzados de la Orden de Malta al rey Carlos V ahora no recuerdo en qué siglo en forma de un halcón bañado en oro se convierte en objeto de deseo de un coleccionista de mala reputación y al encargar a mafiosos de la consecución del mismo, como en toda novela un incauto detective y una ingenua dama son sus contrapuntos y los que deben lograr parar a los malos.
 
¡Pues si en la eterna lucha entre el Bien y el Mal debo posicionarme, con lo aburridos y moralistas que suelen ser los buenos, me inclinaría más por los malos! ¿Me convierte esto en una mala persona? No es eso algo que me quite el sueño, sino el hecho de que, en consonancia con el objetivo de este blog (que no es el de hacer de crítico literario que guíe a quien lo lea por la senda de los libros que merezcan la pena, sino desahogarme periodísticamente y llevar un control de todo lo que me leo) continúo en el peregrinaje de ahondar en mi mala suerte y aún peor ojo a la hora de elegir lectura. No sería este 'El halcón maltés' algo que recomendaría leer a nadie, ni a mi peor enemig@, bueno a esa persona seguramente sí, pero como por suerte no me he cruzado en toda mi vida (seguro que todavía) con nadie a quien pueda otorgarle ese título, ni siquiera puedo desear ese mal, ¡¡¡lástima!!!